Quince años más tarde, en 1871, el farmacéutico estadounidense Albert L. Jones, dedicado al negocio de la perfumería en la ciudad de Nueva York, enfrentaba un problema cotidiano: sus frascos de vidrio se rompían constantemente al transportarlos envueltos en tela o paja. Jones tuvo la idea de sustituir esos materiales por papel ondulado, ya que su estructura amortiguaba mejor los golpes. El 20 de diciembre de 1871 obtuvo la patente del papel corrugado de una sola cara como material de embalaje, un hito que se considera el verdadero nacimiento del cartón corrugado como lo entendemos hoy: ya no como adorno textil, sino como protección para mercancías frágiles.
El invento de Jones tenía una limitación: el papel ondulado por sí solo carecía de rigidez suficiente para mantener su forma. En 1874, el estadounidense Oliver Long resolvió este problema añadiendo dos láminas planas de papel, una a cada lado de la lámina ondulada, creando así la estructura de tres capas que conocemos como cartón corrugado de doble cara. Ese mismo año, gracias a la máquina industrial desarrollada por George Smyth, el papel corrugado comenzó a fabricarse a gran escala, lo que permitió que distintos empresarios vieran en este material un enorme potencial comercial.